
Resulta curioso observar cómo la información condiciona a la conducta. Y con información me refiero a todo lo que absorbemos y recibimos del entorno en que vivimos, casi desde el momento mismo en que se nace. Me explicaré mejor usando como ejemplo varias cuestiones sobre el tiempo y la edad:
¿Cómo actuaríamos si no pudiéramos saber la edad que tenemos?, ¿seríamos capaces de intuir nuestra edad basándonos en las mismas sensaciones y sentimientos que nos hacen sentir viejos o jóvenes cada cumpleaños?, y, ¿en qué nos basaríamos?.
¿Cómo nos comportaríamos si no tuviéramos relojes ni calendarios para medir ni contar el tiempo, si no supiéramos a ciencia cierta cuánto queda para anochecer, o en qué momento del año nos encontramos?. ¿Haríamos las cosas más rápido, o más lento...?, ¿nos preocuparíamos del tiempo que hemos consumido y del que nos queda, en la misma medida y de la misma forma? y, ¿cambiarían nuestras prioridades?.

No he hablado tanto como tenía previsto de mi servidor casero pero al final lo terminé el mes pasado, antes de acabar el año y tenía pendiente al menos una presentación en sociedad. Se sigue llamando Quetzal y ésta sería la tercera generación/versión. Cumple las funciones de almacenamiento espejo de archivos para sincronizar copias de seguridad, servidor de vigilancia física (con circuito cerrado de cámaras), y HTPC conectado a la TV (centro multimedia) como tareas principales.
Está montado en uno de los módulos de un armario metálico que he montado de forma más o menos casera apilando y fijando entre sí cuatro muebles IKEA PS (los tres últimos niveles sin patas). Tiene aberturas traseras para el reverso del chasis ATX y cuatro ventiladores (2 introduciendo aire y 2 expulsando) que se regulan y/o apagan indistintamente con un rehobus y cuatro interruptores. El chasis -que soporta la placa-, la fuente de alimentación y el disco duro descansan sobre la base. En la bandeja intermedia del módulo están los cuatro interruptores de los ventiladores, el rehobus, el botón de encendido, el relé USB, el módem GSM y un relé inalámbrico.
En la foto aún no se ve un LCD gráfico Alphacool que uso para mostrar información diversa como todo tipo de temperaturas, el espacio en los discos, la memoria, la carga del sistema, etc...
Me gusta ésta nueva forma de tener instalado el servidor casero porque resulta muy discreto, integrado dentro de un mueble en armonía con la decoración. Desde fuera sólo se deja apreciar por los dos led que asoman en lo alto del armario para indicar encendido y actividad en disco duro; incluso el LCD monitorizador queda dentro ya que su consulta es esporádica. Además las puertas tienen cerradura (pronto cambiaré las que vienen de serie de IKEA, que son todas idénticas desde hace años) y todo el hardware queda dentro, incluído el botón de encendido así que queda bastante protegido de intentos de manipulación.
En definitiva todo un diamante en bruto cuyas últimas funciones acabaré de configurar muy pronto para deleitarme con su funcionamiento diario.

Estambul es una ciudad que embriaga a cualquiera que la visite, sea cual sea el motivo del viaje. Yo tengo la suerte de contar que he vuelto de mi segunda incursión a esa ciudad, de pasar unos días de relax con nochevieja como guinda. Sea como sea, la puerta de Asia nunca decepciona, siempre me deja con ganas de más, y siempre es el escenario místico de recuerdos imborrables.

Después del género Haworthia, probablemente mi preferido es Adromischus, un género no tan extenso pero también repleto de especies con las formas y colores más curiosos.
En éste caso, un Adromischus cooperi luce sus dotes de modelo en el mini estudio que monté para hacer fotografías a algunos de mis ejemplares. La fotografía es del pasado mes de mayo, y le ha dado tiempo a crecer y a sobrevivir a una lluvia con granizo, pero doy fe de que ahí sigue, con sus hojas rechonchas y moteadas, alegrando orgullosamente mi colección.

Yo tengo la extraña habilidad de aficcionarme a los grupos de música cuando dejan de estar en activo (un ejemplo: Hechos contra el decoro). En el caso de Radio Tarifa (no confundir con Radio Futura, ex-banda de Juan Perro), siempre los conocí por un tema incluido en el recopilatorio Vox Humana que incluía su preciosa Canción Sefardí, pero no fue hasta hace poco cuando empecé a descubrir el resto de su cuatro discos publicados entre 1994 y 2006.
La mezcla de flamenco, rumba, sonidos árabo-andalusíes y en general de ambos lados del mediterráneo, riman a la perfección con un estilo muy peculiar. Sus canciones tienen una melancolía y un sentimiento que he percibido pocas veces en la música. Particularmente, aparte de la ya mencionada Canción Sefardí, dos de mis canciones preferidas son Sin palabras y Ramo Verde.
Por suerte, Benjamín Escoriza, vocalista de la banda, prosiguió con su carrera en solitario, cuyo estilo no tiene tanto que ver con Radio Tarifa pero continúa siendo un alivio porque su nuevo trabajo, aunque me costó un poco de tiempo hacerme a él, merece tanto la pena que ahora tampoco puedo dejar de escucharlo. Sin duda, mi canción preferida de su etapa en solitario es Niña (lástima, no la he encontrado colgada), de su primer disco de los dos que lleva hasta ahora.
Tanto en solitario como con Radio Tarifa, merece mucho la pena dedicar un tiempo a escuchar tranquilamente a Benjamín Escoriza.
« entradas anteriores - página 1 de 90