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marzo 2009

Servidor casero desde cero (1): Compartir archivos mediante NFS

Ya adelanté hace unas semanas que iba a explicar «por capítulos» cada parte del montaje de mi nuevo servidor casero y éste va a ser el primero de ellos. Por supuesto, voy a empezar con el uso estrella de todos los servidores caseros: compartir carpetas y archivos.

Por supuesto, toda mi red tiene ordenadores con Linux, por tanto, no necesito usar Samba para nada (aunque es otra opción válida) ya que tengo NFS (Network File System), que es el estándar en sistemas Unix/Linux para este efecto.

Compartir archivos y carpetas con NFS no es nada difícil y tenerlo funcionando con una configuración básica es cuestión de minutos. Luego ya depende de cada uno el tiempo que le quiera dedicar a rizar el rizo. Para todo lo demás: «man nfs«.

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La fauna del asfalto (III) – El tonto del ámbar

Esta subespecie del cagaprisas común es fácilmente avistable en casi todos los núcleos urbanos señalizados de la geografía peninsular y es fácilmente identificable por la poca eficacia que deriva de la manifestación de su impaciencia extrema. Sus ejemplares no son gregarios pero es frecuente verlos mezclados con manadas de otras especies en las colas de los semáforos.

Su principal característica es la conducta que les da nombre. A menudo, el tonto del ámbar se encuentra a varios coches de la luz del semáforo de las intersecciones e intenta cruzar en el último momento del ámbar, quedando casi siempre atrapado en mitad del cruce en momentos de congestión de tráfico (algo frecuente por otra parte), obstaculizando frontalmente a las especies que quieren cruzar con luz verde en el carril transversal.

Si la ciudad fuera un documental sobre la sabana africana, el tonto del ámbar sería sin duda el ñu gilipollas que por su nefasta prisa se queda atrapado al cruzar el río y es devorado por los cocodrilos, salvo que en el caso de la urbe la peor de las consecuencias sería quedar atrapado y con suerte ser objeto de frustraciones en el carril transversal y de la indiferencia de los guardias de tráfico, aparte de, haciendo honor a su nombre, quedar como un tonto.

Coincidencias en la red

Alguna vez de cuando en cuando me he llegado a plantear por qué me hace tener cierto número lectores constantes (que tampoco es una cifra importante) siendo tan trivial la temática de mi blog. De acuerdo, es un blog personal donde hablo casi siempre de las tres o cuatro cosas que más me interesan: generalmente fotografia, bicicletas, software libre y algo de opinión.

Con lo cual, alguien interesado en la fotografía no creo que lea de forma constante mi blog porque la temática está «contaminada» por el resto de contenidos y así con el resto de temas. Así que lo lógico es pensar que normalmente atraigo a lectores a los que les interesen casualmente las tres o cuatro cosas sobre las que más escribo, o que simplemente albergan cierta simpatía por mi forma de publicar.

Hace poco he descubierto dos blogs diferentes que me han hecho plantearme que sí merece la pena ceñirse a los temas que más interesan al autor, porque a veces puedes dar de lleno en un lector y ganártelo con creces.

El primer blog que descubrí en este sentido es el de Moisés Gallego (Fotux) que dice hablar sobre fotografía y software libre, una combinación un tanto anómala con la que me identifico plenamente. El segundo blog lo he descubierto hace unos días, y es el de Russ Roca (Eco-friendly bycicling photographer) un buen fotógrafo que también ama la bicicleta y comparte mis vicisitudes sobre almacenar el equipo fotográfico en la bicicleta, con preferencia sobre los accesorios Ortlieb como yo.

Y son esas coincidencias las que hacen que siga pensando que merece la pena tener un blog personal con una temática poco especializada. Porque más de una vez me he planteado convertir Giingo en un fotolog, o hablar sólo de ciclismo urbano, o exclusivamente de Linux y software libre. Pero siempre acabo pensando, entonces… ¿qué tendría mi blog de especial?. Supongo que por ello existen los blogs personales, porque son como una proyección de nosotros mismos, y que, de una manera u otra es lo que hace atraer a determinadas personas a leerte. De hecho, es un fenómeno muy parecido a la forma en la que se atraen amigos en las relaciones diarias: tu círculo de amigos tiene mucho que ver con lo que tú proyectas.