
Observando la foto, parecía destinado a decapitar ciclistas, y esta fue la primera denominación que apareció en mi cabeza la primera vez que me crucé con este singular árbol de la avenida de Andalucía, al poco tiempo de aterrizar en la ciudad de Málaga. El mote que le asigné cariñosamente, resulta autoexplicativo dado su porte exageradamente escorado hacia un lado, casi acostado sobre el carril bici trazado a su lado.
Tratando de imaginar la historia de este Cercis siliquastrum (que irónicamente siempre he conocido como árbol del amor) casi parece que ha dedicado su vida a huir de la avenida autopista urbana que transcurre a su lado, la cual atraviesa la parte oeste de la ciudad, dejando una herida abierta que separa los fantásticos jardines Picasso y los de Félix Fernández.