Benito cumple 4 años

En los 4 años de vida de Benito han pasado demasiadas cosas. Lo creé en 2021 sin más pretensión que la de diseñar una criatura fantástica de aspecto tierno y noble, y poco después comenzó a ser protagonista recurrente de vídeos cortos que creaba para aprender y perfeccionar el arte de integrar animación 3D en vídeos de la vida real.

Muy poco después y tras cinco vídeos cortos, ya estaba planeando un vídeo más largo y ambicioso que acabó siendo el cortometraje Fast&Fluffy, en el que Benito amanecía plácidamente y se preparaba para un recorrido en go-kart por diversos rincones de la ciudad de Barcelona. A ese cortometraje le siguió un vídeo de making of, y un año después recibió el premio a mejor cortometraje de animación en Festival de Cine Independiente de Sevilla.

El pasado mes de diciembre estuve en Murcia y visité la gasolinera en ruinas donde grabé el metraje base con el que construí la escena del repostaje de Fast&Fluffy, y quise tomar una fotografía conmemorativa de esa localización cuatro años después, pues me pareció una bonita manera de conmemorar esta trayectoria de cuatro años en los que ha ocurrido de todo.

Tras Fast&Fluffy, publiqué dos vídeos cortos en los que integraba a Benito en películas de Hitchcock, volviendo a la dinámica inicial de pequeñas píldoras audiovisuales con él como protagonista, ya dando paso a una última etapa en que integré a Benito en la película El Exorcista (1973) que acabó teniendo formato de cortometraje en El exorcista de la sanidad pública, que publiqué el año pasado.

En menos de un lustro, ha cambiado radicalmente el paradigma de producción audiovisual, se podría decir que «nada es ya lo mismo», y yo me encuentro explorando otros caminos dentro del diseño de los que he estado hablando en este espacio, pero las experiencias y anécdotas que me ha brindado la creación de esta adorable criatura fucsia quedan conmigo para siempre. Mientras tanto, felices cuatro años, Benito.

Acercándome a la madera

La senda que comencé a transitar el año pasado por la parte más física y tangible del diseño me llevó a explorar, como nunca antes, el mundo de los materiales, y especialmente el de la madera. Dentro de lo físico, me he sentido atraído por las virtudes de lo natural y orgánico, no solamente en cuanto a la materia prima en sí misma sino también en cuanto al diseño cuando ayuda a generar colores, formas y texturas cercanas a la naturaleza.

Es por eso que estoy diseñando mi escritorio y espacio de trabajo con estas premisas en cuanto a materiales (madera, corcho, filamento con fibras de madera, etc.) y formas que huyen de las aristas marcadas, los ángulos de 90º y las líneas rectas.

Y en medio de todo esto, la madera está teniendo sin duda un papel protagonista. No es que me vaya a reconvertir profesionalmente en carpintero, pero me interesa mucho profundizar en todas las técnicas de trabajo con madera que me lleven a lograr esos colores, texturas y formas que me hacen sentir bien porque conectan con mi cerebro primitivo y me acercan al entorno natural, especialmente en ámbitos donde predomina la tecnología, por eso un escritorio con su PC y sus dispositivos asociados, me parece un reto para llevar a cabo esta nueva aventura.

Historias de la huerta (V): El Palmeral de Zaraíche

No muy lejos de Torre del Fraile, la huerta de Murcia más próxima a la ciudad esconde un tesoro que aún hoy día no mucha gente conoce. El palmeral de Zaraíche es hoy en día algo parecido a un parque que se encuentra en la pedanía del mismo nombre y a muy poca distancia de la concurrida avenida Juan Carlos I, una de las principales arterias de la ciudad.

En pocos lugares se puede contemplar el contraste entre lo que queda de huerta y el avance urbano como en este lugar, pero tras la puesta en valor que se hizo en 2015 aún sirve como refugio y nos invita a evadirnos del ruido de la ciudad y a evocar cómo era el paisaje de la huerta de Murcia hace un siglo, repleto de palmeras datileras, con sus acequias y brazales al aire, y con un ecosistema que equilibraba el sistema agrario de irrigación con un entorno natural rico y privilegiado.

Siempre es un placer acercarse a este lugar, que es como una tranquila burbuja de huerta encerrada entre grandes avenidas.

2024, el año de lo físico

Fragmento de mi tablón magnético

Si hay una impronta por la que recordar mi año 2024 a nivel personal, es un viraje progresivo y no planificado hacia las cosas tangibles, los elementos del mundo real, por así decirlo. Durante una larga época, lo digital dominaba muchas de mis facetas y ocupaciones, desde la fotografía, mis cortometrajes animados, la lectura e incluso este mismo blog sin ir más lejos.

Conservo intacta una de mis grandes pasiones, que es diseñar y crear, pero esta energía se ha transformado para atravesar la pantalla y materializarse en algo que poder tocar. Uno de mis primeros pasos fue poner un pie en la impresión 3D, lo que desencadenó casi infinitas posibilidades de creación que aún estoy descubriendo. El siguiente paso fue comenzar a crear con corte y grabado láser, lo que por sí mismo ya añadió más posibilidades, pero sumado a la impresión 3D, las multiplicó aún más. Esto, sumado a mis conocimientos de diseño y electrónica, abrieron la puerta a varios proyectos en los que me entusiasma, encabezados sin duda por mi nuevo escritorio, un meta-proyecto que espero terminar en la primera mitad de 2025.

En otro plano diferente, este año he vuelto a leer en papel, de forma definitiva. Sobre las razones que me llevaron a este cambio hablé hace unos meses por aquí y, acabando el año, me ratifico mi decisión, pues estoy disfrutando más de la lectura, que, más allá del disfrute, es uno de los varios hábitos de equilibrio emocional que quiero seguir consolidando en 2025.

La fotografía con película (no me gusta llamarla analógica, pero digámoslo así si lo prefieres), también apareció a lo largo de este año, restaurando mi vínculo con la fotografía y creando de nuevo un espacio donde disfruto con ella. Me hice con una preciosa Nikon F601 con la que disparé mi primer carrete en un par de décadas. Sobre esto no he hablado por aquí pero quiero hacerlo pronto, porque creo que es un tema sobre lo que merece la pena escribir aparte.

Por último y probablemente en el plano más personal, está el journaling. No me gusta abusar de los términos en inglés pero creo que es el término más preciso que conozco para denominar a un hábito que no es ni el diario personal de mi adolescencia, ni un registro de actividad. Es algo que se sitúa más cerca de una tarea de balanceo emocional que de un hobby. Aún no es un hábito totalmente consolidado pero espero que cobre la importancia que merece en este año que entra.

Podría mencionar más cambios, como un pequeño flirteo con la carpintería a pequeña escala, en parte derivado de trabajar la madera con el láser, y otros que van más allá de lo personal, pero vamos a descubrirlo poco a poco en este año que entra.

El láser hace mi aventura «maker» más intensa

Realizando un test de grabado sobre madera de pino

Acabando un año que, como diseñador, ha estado marcado por una transición de los píxeles de la pantalla hasta el plano físico, he dado un paso más en esto de «hacer cosas». Si comenzaba 2024 adentrándome en el mundo de la impresión 3D, hace poco he dado un paso más en la parte física del diseño introduciéndome en el uso de máquinas láser para corte y grabado.

Transformar mi rol de diseñador para crear objetos de la vida real ha sido, y está siendo, un camino lleno de desafíos, pero también realmente emocionante. Esta manera de crear conecta mucho con la parte del diseño que más estimulante me resulta, que es planificar y desarrollar una idea partiendo de premisas y necesidades. El diseño orientado a crear objetos o productos es un nuevo y fértil terreno donde poner a prueba la creatividad y el ingenio, por lo que estoy deseando experimentar todo lo que me va a brindar a combinación de la impresión 3D y láser.

Mi vuelta al libro de papel

En mi camino de retomar el hábito de lectura me he topado con un cambio poco habitual. Tras diez años usando un lector de libros electrónicos para leer, he regresado al libro de papel.

La reflexión que precede a este cambio no orbita ya solo alrededor de la practicidad o idoneidad leer de una manera u otra, sino sobre un factor que estoy teniendo cada vez más en cuenta con todo lo que me rodea: cómo me hace sentir. Estoy introduciendo un factor subjetivo en una decisión, algo a lo que no estaba nada acostumbrado, pero que me está llevando a un escenario de vida en el que me voy sintiendo más cómodo y relajado.

Sí, me cuesta un poco mantener el libro abierto cuando leo acostado, en ocasiones es pesado, de vez en cuando se me cae el marcapáginas, y aún a menudo extraño poder buscar instantáneamente una palabra del texto en el diccionario, pero me gusta agarrar un libro con las manos, me gusta el hecho de tenerlo conmigo, como un amuleto, un talismán, un fetiche. Me gusta ser consciente de toda la integridad del libro solo rodeándolo con mis dedos, y, por supuesto, me gusta su olor. Me gusta sentirme a salvo de las garras del monopolio del libro digital y sus lobbies asociados, y no tener que elegir entre éste o ser pirata. Me gusta poder comprar un libro de segunda y tercera mano. Me gusta recuperar el derecho a prestar algo que es mío. Me gusta recorrer los pasillos de una librería o los rincones de una biblioteca. Me gusta poder comprar en un pequeño comercio o en una editorial independiente. Me gusta ir a casa de una persona y contemplar su colección de un vistazo desde la curiosidad y a veces la admiración, conocer un poco más de esa persona a través de su estantería. Me gusta volver a leer libros de papel.

Protagonista de hoy: Hoya carnosa

Ni sé con seguridad si es una Hoya carnosa exactamente, pero sé que es la más común en España, y que la compré en un vivero no especializado, así que como mucho, quizás sea un híbrido nuevo teniendo en cuenta las manchitas que tienen sus hojas. Se mostraba espléndida en mi casa anterior, pero en mi hogar actual literalmente ha alcanzado la plenitud, con larguísimos tallos que ya alcanzan varios metros.

He hablado demasiado poco de plantas por aquí en los últimos años, y este precioso ejemplar es una buena manera de volver a las buenas costumbres. Me encantan las hoyas tanto que me compré otra igual, que es más pequeñita de nuevo. Mi nueva etapa vital sin zona exterior en casa me alejó de las suculentas y me acercó a las plantas de interior (aunque no me gusta llamarlas así). Esto revalidó el amor que siempre he tenido por este género de plantas, tan bonito, tan agradecido, tan vistoso.

Es trepadora o colgante como un poto, pero sus hojas son más duras, más verdes, y apenas se caen. Sus tallos son fuertes y sus hojas no se enganchan entre sí, lo que facilita su reubicación, algo que un eterno inquilino siempre agradece. Solamente me falta presenciar sus preciosas flores, un privilegio poco frecuente al que sin embargo no renuncio. Además, descubrir más gente fanática como @wildfern ha resultado toda una inspiración a la hora imaginar una ampliación de mi colección de hoyas.

Publicando «El Exorcista de la Sanidad Pública»

Finalmente acabé el proyecto de animación en el que convierto a Benito en protagonista de la película del Exorcista, resultando en una suerte de cortometraje llamado «El Exorcista de la Sanidad Pública». Viene siguiendo la estela de dos pequeños vídeos en los que lo integraba en películas de Alfred Hitchcock, pero en este caso, en un formato extendido de cinco minutos.

Es un proyecto singular porque aparte de ser el primero tras más de un año desde el anterior pero también porque es el primero en el que me implico en el doblaje de todos los personajes y en el que hago uso de la inteligencia artificial en algunas partes como la eliminación Reagan (el personaje de la niña) de las escenas, o los filtros STS en las voces.

La desaparición del botón de stop y una ceropegia en flor

El botón de stop ha desaparecido de reproductores de música, teclados y otras interfaces sin que nadie parezca haberse dado cuenta. Si uno se fija en el célebre Winamp, puede encontrar un botón de stop entre los que indican «pausa» y «siguiente», y lo mismo ocurre con cualquier reproductor de música doméstico de hace un par de décadas. Hoy en día, si nos fijamos en la botonera de Spotify o cualquier reproductor de música moderno, ya sea doméstico o portátil, no veremos ese botón, y en su lugar, encontraremos habitualmente una combinación de reproducir y pausa en un solo botón.

Una interpretación sería una evolución hacia interfaces de usuario más simplificadas y adaptadas a las tendencias actuales, y sería una interpretación en gran parte acertada, pero para mí son un síntoma desapercibido del ritmo frenético al que nos aboca cada vez más el mundo si nos dejamos arrastrar por su corriente. Ese nuevo botón te está diciendo: «puedes parar momentáneamente, pero no puedes detener por completo» y me parece simbólico y representativo.

La relación de ambos conceptos del título reside en que ayer me cercioré de que mi ceropegia estaba floreciendo. A juzgar por el número de flores y que algunas ya estaban secas, probablemente habían pasado un par de semanas desde el inicio, pero estaba siendo arrastrado por un ritmo frenético que dificulta parar, pensar, reflexionar y observar, y no he sido consciente hasta ahora. Esta ceropegia es uno de mis canarios en la puerta de la mina, y un recordatorio de que a veces sin darme cuenta, acabo en una deriva de focos de atención innecesarios, donde pierdo el contacto con las cosas que realmente me importan y me enriquecen.

Benito y El Exorcista

La incursión de Benito en la película El Exorcista va a ser la manera de romper la racha de un año y medio sin publicar un nuevo proyecto de animación. En este nuevo proyecto, Reagan, la niña, será sustituida por Benito, en un pseudocorto de humor absurdo con algo de crítica social.

Habría sido interesante haber aprovechado el 50 aniversario del film, que fue en diciembre del año pasado, pero la idea se me ocurrió justo un mes más tarde, pensando en más «cameos» cinematográficos tras los últimos en las películas Psicosis (Psycho) y Con la muerte en los talones (North in Northwest) de Hitchcock. Pero esta vez, la idea fue creciendo y casi se convirtió en un cortometraje de cinco minutos que espero terminar en las próximas semanas.