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Estilo de vida

Escritorio elevado: ¿y por qué no?

¿Y por qué no? Ese fue el primer pensamiento que me vino a la cabeza después de leer el artículo Escritorios elevados, trabajar de pie contra el sedentarismo, del siempre inspirador blog Faircompanies.

Lo más curioso de todo es que la lectura de este interesante artículo aparece en el mejor momento, puesto que llevo semanas planificando una inminente reforma de mi espacio de trabajo, y hay una serie de puntos que me han llamado especialmente la atención.

«Existe, según varios estudios, una correlación entre permanecer la mitad del día sentado y dolencias relacionadas con el sedentarismo y los hábitos poco saludables: sobrepeso, obesidad, riesgos cardiovasculares, diabetes, hipertensión, estrés, depresión y hasta una docena de tipos de cáncer.»

Esto resulta curioso porque como también menciona el artículo, sentarse demasiado, atrofia la capacidad del cuerpo de producir lipasa y lipoproteinlipasa, encimas encargadas de procesar la grasa, y además, el ejercicio regular y un peso normal no contrarrestan los perjuicios de la vida sedentaria.

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Zim: organizando notas sin la nube

zim

Siempre he apreciado tener un programa sencillo y ágil que me permita organizar y manejar mis notas. Yo hago un uso intensivo de este sistema porque estoy constantemente anotando y organizando ideas.

Al comienzo usaba Tomboy, pero ha cambiado mucho en los últimos años y se me hace raro el manejo. Por si fuera poco, hace un tiempo dejó de funcionar, sencillamente no iniciaba. Probablemente el problema tenía solución, pero aproveché el obstáculo para buscar un nuevo programa que me permitiera poner en práctica una nueva idea.

Evernote es una aplicación fantástica, pero mi idea consistía en tener centralizadas todas mis notas allá donde fuera, pero no soy muy amigo de la nube y quería almacenarlas en un pendrive cifrado que siempre llevo encima. Zim es un programa sencillo y ligero que me permite esto. Puedo tener todas las notas organizadas y centralizadas, usar funciones de formateado básico y realizar búsquedas. Todo ello almacenado en la carpeta que yo decida, y que ya me encargo por otro lado de sincronizar con rsync cada vez que llego a casa.

Mi nuevo servidor doméstico: Quetzal 5

quetzal5

Ya he acabado de acomodar y poner a punto el hardware en su emplazamiento definitivo de Quetzal 5, mi nuevo servidor doméstico. Se trata de un Ikea PS que hace las veces de mueble de TV (que reposa encima). En el frontal por discreción, he conservado su aspecto original, y en la trasera, he cortado aperturas para cuatro ventiladores, la salida trasera de la placa base, y para la fuente de alimentación. La bandeja interior también está modificada para albergar cuatro interruptores (para apagar ventiladores en invierno), un regulador de potencia (para regular los ventiladores) y los leds de la placa base, que se quedan en el interior.

Cumple algunas funciones que ya cumplía su antecesor, como servir de ordenador de salón o HTPC o servidor de archivos para sincronizar copias de seguridad. Además, ahora también funcionará como servidor de vigilancia gracias a Motion, conectado a 4 cámaras IP y una webcam y dispone de una partición exclusiva para jugar bajo Windows al mejor juego de la historia: Worms.

También dispone de un interruptor externo con llave que servirá para activar o desactivar el servidor de vigilancia. Al ser, en el fondo, un armario también sirve para guardar el ratón y el teclado mientras no se usa.

Dejándome empapar a pedales

lluviaza

Ayer al salir del trabajo por la noche (sí, por la noche) me encontré con una típica tormenta de final de verano, con sus truenos, sus relámpagos y toda la parafernalia meteorológica que la acompaña.

Se puede decir que mi relación con la lluvia sobre la bici es una mezcla de amor-odio. Por una parte están las salpicaduras, el agobio del chubasquero y la incomodidad de manejar la bicicleta en unas condiciones complicadas. Por otro lado está la sensación de libertad, la agilidad, la superioridad frente a las cuatro ruedas, e incluso el júbilo si uno aprende a divertirse en vez de empeñarse en luchar y quejarse (la naturaleza no es el enemigo).

Siempre llevo en la maleta de la bici un chubasquero para estas ocasiones pero como aún es verano y a pesar de la tormenta, no hace frío por estas latitudes, decidí por una vez no usarlo y fundirme completamente con la lluvia. Aunque sé que es una pequeña locura inasequible al día a día, asumí el empapamiento y decidí no huir del agua por una vez, sino disfrutar de ella.

Nada más salir, guardé todas las cosas que suelo llevar en los bolsillos como el teléfono móvil y las llaves en mi maleta estanca, y me eché a la calle a disfrutar de cada kilómetro hasta mi casa, a sabiendas de que al llegar a ella me esperaba un buena ducha y un cambio completo de ropa. Creedme, es una sensación de la que se aprende mucho, y que recomiendo experimentar cada cierto tiempo, como ejercicio para recordar quiénes somos y dónde nos encontramos.

Uso del sistema de vigilancia Motion en Linux en la vida real

Motion es un software de monitorización y vigilancia física para Linux que llevo usando desde hace años, pero al que hasta ahora no le he dado un uso cotidiano en la vida real.

Y es que, montar un sistema de vigilancia física de forma casera requiere tener más o menos un diseño previo, tanto en la parte del software como del hardware.

Seré más concreto. Yo tengo configurado Motion al milímetro: qué acciones hay que realizar según el tipo de alerta, qué cámaras están conectadas y cómo funciona cada una… Y así un largo etcétera. Pero yendo al grano, uno de mis grandes quebraderos de cabeza es… «En la vida real, ¿cómo lo activo y desactivo?».

Porque lo básico es iniciar el comando para arrancar el servicio, y detener el proceso para finalizarlo, pero hacer eso requiere estar junto al servidor, y en un caso práctico real no puedo hacer eso porque requiere atravesar la visión de las cámaras provocando falsas alertas, tanto al salir después de activarlo como al entrar mientras no se desactiva.

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Primeros 60 minutos con Raspberry Pi


Raspberry Pi es una placa de hardware libre que integra todas las funciones básicas de un ordenador, en un área similar a la de un paquete de tabaco y con una fuente de energía de apenas 5v (la misma tensión que usa un puerto USB estándar). Hace poco, gracias al Conejo Ninja me hice con una placa de la primera generación y he tenido la oportunidad de trastear libremente con ella. Este pequeño apunte es una recopilación de las primeras y superficiales impresiones producto de los primeros minutos de contacto.

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A la compra en bici

Cuando empiezas a pensar de forma práctica y sostenible, todo acaba siendo una reacción en cadena, y si llevo casi cinco años desplazándome hasta el trabajo en bici, además de otros pequeños trayectos, ¿por qué no le iba a sacar también partido a mi bici para hacer la compra?.

Las primeras incógnitas surgen enseguida: ¿cómo la transporto en la bici?, ¿pesará mucho?, ¿se me romperán los huevos?, ¿cómo llevo la compra de la caja hasta el aparcamiento?, y así un largo etcétera. Creedme que he estado bastante tiempo dándole vueltas a todos (al menos los que me surgieron a mi), y quería usar este pequeño artículo para compartir con vosotros mis reflexiones al respecto, y las respuestas que he encontrado a cada problema.

¿Por qué?

Es rápido. Todo el mundo tiene en cuenta la cercanía de un supermercado cuando elige el lugar donde vivir. Esa cercanía juega a favor de la bicicleta, y además no perderás tiempo aparcando nunca.

Es económico. Sólo caminar es más barato pero también bastante más lento y mucho más cansado aún para cargar la compra. Por no hablar del ahorro en combustible.

Es saludable. En lugar de gastar dinero (y tiempo) en un gimnasio, aprovechas el esfuerzo en hacer la compra.

Es ambientalmente resopnsable. Ya sabes, lo de siempre, que no por repetirlo más es menos importante: no contamina nada ni intoxica a los habitantes de la ciudad. Lo pongo en último lugar poque para la persona de a pie es lo menos práctico, pero para mí, y mucha gente, es bastante importante.

Ahora, los consejos

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Cómo lidiar con el calor veraniego en bicicleta

Que sí, que se suele decir que las bicicletas son para el verano, pero yo siempre he afirmado justo lo contrario. En invierno sé que sólo tengo que abrigarme y voy comodísimo en la bici, en cambio, en verano apenas hay forma de escapar al sofocante calor, y pedalear bajo el sol puede llegar a convertirse en un problema serio. Precisamente por eso quiero compartir todas las técnicas que he ido aprendiendo a lo largo de varios años pedaleando bajo el tórrido sol de una ciudad como Murcia.

Creo que no hace falta aclararlo pero obviamente ésta es una entrada enfocada a quien use su bicicleta habitualmente, y para actividades no deportivas ni de ocio. Para quien usa la bici «en serio»: para ir al trabajo, a la compra o en desplazamientos cotidianos.

En definitiva, nadie se va a librar del calor, pero sí que hay varios aspectos que, tenidos en cuenta, me ayudan a que usar la bici en verano pase de ser pedalear dentro de un horno crematorio a sencillamente pedalear con calor.

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Elogio de la lentitud

elogiolentitud

A menudo se podría asociar un libro titulado así como una apología de la pereza o el desinterés, cuando en el fondo habla de cosas tan simples que con demasiada frecuencia se pasan por alto, sobre todo en la moderna civilización occidental. Realmente este libro no es una biblia ni una tabla de mandamientos, y mucho menos es un compendio de autoayuda de tintes místicos o new age. Realmente es un resumen de aspectos y temas en los que nuestra cada vez más acelerada vida y sociedad puede y debe reflexionar, una llamada de atención sobre la velocidad con que se hacen, piensan y sienten las cosas en este mundo donde parece que lo más importante es hacer más, llegar más rápido, comer en menos tiempo, hacer más cosas durante el día, etc, olvidando el punto de inflexión en el que la velocidad de nuestros hábitos cruza la línea que separa el disfrute de la vida de la esclavitud del tiempo.

Comienza hablando sobre hacerlo todo más rápido, la belleza de la lentitud y el movimiento slow. Todos los capítulos son monográficos, abarcando temas diferenciados como la comida, las ciudades, cuerpo y mente, medicina, sexo, trabajo, ocio, etc., y parten de un mismo eje, el de encontrar el equilibrio de la velocidad. Todo de una forma tan claramente ordenada y bien explicada que la mera lectura del libro parece ya invitar, antes de acabarlo, a vivir de una forma más desacelerada; incluso confieso sin rubor que me he tomado muchos meses para acabar de leerlo.

Lo cierto es que resulta completamente imprescindible para volver a descubrir las cosas realmente esenciales de la vida, y es que la obra va más allá de lo obvio y hace reflexionar a convencidos y escépticos.

Configurar el PC en inglés para practicar el idioma

Cambiar la interfaz del PC al inglés es una manera sencilla y cotidiana para practicar el inglés cada día sin darse cuenta.

En Linux es bastante sencillo cambiar el idioma del entorno y las aplicaciones, ya que por defecto, todos los programas con soporte de idiomas se instalan con todas las variantes posibles, y al ejecutarlos aparecen en un idioma u otro según esté configurado el entorno. No es necesario andar buscando la versión «en tal idioma» como sucede con multitud de aplicaciones comerciales de Windows.

Tan sólo se trata de configurar el idioma del entorno, y todos los programas que ya están instalados, obedecerán a esa nueva configuración del idioma. En mi caso, y esto es bastante importante, quiero tener todo mi sistema en inglés, pero sin que esta configuración afecte al teclado, ya que quiero poder seguir escribiendo tildes y eñes como siempre. Los pasos para Debian son los siguientes:

Reconfigurando las locales usando la consola, como administrador (ubunteros deben usar sudo delante):

# dpkg-reconfigure locales

Nos aparecerá una lista de posibles elecciones. Si previamente ya está, por ejemplo, en Español, aparecerá ya marcado ‘es_ES.UTF-8 UTF-8’. Entonces además, usando la tecla espacio marcamos también ‘en_GB.UTF-8 UTF-8’ y OK. Si pregunta cuál de las dos opciones queremos usar pod efecto, seleccionamos en_GB. Si todo ha ido bien deberíamos ver algo como esto:

Generating locales (this might take a while)... en_GB.UTF-8... done es_ES.UTF-8... done Generation complete.

Entonces, la próxima vez que reiniciemos o iniciemos sesión, ya tenemos el sistema en perfecto inglés. Y como mantenemos la configuración de teclado previa, porque no la hemos tocado en ningún momento, aún podremos seguir escribiendo en español sin problemas.

Lo bueno de todo es que el navegador quedará en inglés (como el resto de programas), las webs multilingües que detecten el idioma aparecerán automáticamente en inglés. En otras páginas que requieran configuración sólo hay que buscar la opción donde cambiarlo: por ejemplo en GMail es la primera opción del apartado General.

Et voilá!… o mejor dicho «That’s all folks!».