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Bicis

Once años de pedal y asfalto

Aunque el año pasado olvidé escribir sobre el tema cuando eran diez los años que pasaron desde que decidí adoptar la bicicleta como mi medio de transporte principal, creo que sigue siendo una buena excusa para romper con el involuntario parón de varios meses que ha tenido mi blog últimamente.

Resulta curioso que la última vez que hablé de ello por aquí, en la entrada Siete años de pedal y asfalto, mencionaba que acababa de obtener la licencia A2 para motos, y casualmente, ahora acabo de obtener la licencia A (motocicletas de cualquier potencia) aunque a pesar de todo, la bicicleta sigue siendo como ese amigo recurrente que permanece y sobrevive al tiempo, y continúa siendo para mí el vehículo perfecto para la ciudad.

Lo peor es acostumbrarse, hablando de polución en la ciudad

Usando mi máscara antipolución en Barcelona

Hay muchos factores negativos de la vida cotidiana a las que estamos acostumbrados por puro adormecimiento, por un sentimiento de anestésica costumbre. Uno de los más tangibles, a pesar de lo peligrosamente natural y aceptado que resulta hoy en día en las ciudades, es la contaminación del aire.

La adquisición de una máscara antipolución estaba entre mis tareas pendientes desde hace varios años, y finalmente me decidí a realizar la inversión. Uno de los motivos de ese retraso es que quería informarme bien sobre hasta qué punto era peligroso y real el problema de la contaminación, y también sobre si realmente una máscara antipolución cumple la función para la que está destinado. Continue Reading

Sí pero no: Probando el sistema de aparcabicis de Murcia

Hace aproximadamente un mes que soy usuario del sistema de aparcabicis cerrados que el Ayuntamiento de Murcia puso en funcionamiento. Tenía muchas ganas de probarlo pues parecía por fín una solución a una reivindicación de la que hablé aquí hace diez años.

Un sistema de aparcabicis cerrados es absolutamente necesario. Con un sistema de aparcabicis cerrado, se hace prácticamente innecesario un sistema público de alquiler y para mí es una de las principales claves, junto con mejorar la seguridad en carretera, para que animar a más personas a sacar su bici a la calle. Parecía prometedor, así que me dispuse a probarlo. Sabía que el proceso no sería instantáneo, pero me armé de paciencia y me puse manos a la obra. Continue Reading

Qué añadirle a la bici para adaptarla a la vida cotidiana

El que el tipo de bici más vendida en España sea la de montaña tiene mucho que ver con una cultura basada en relacionar coche a transporte y bicicleta a ocio, o en el mejor de los casos, deporte, aunque no siempre ha sido así. Mi caso es peculiar, y ya expliqué hace poco por qué a pesar de todo la bici de montaña es mi principal elección en mis desplazamientos cotidianos. En otros países como Holanda es mucho más común ver bicicletas «de ciudad» que, de serie, suelen estar bastante mejor adaptadas a un uso práctico.

Y es por eso por lo que me apetece escribir sobre todas las adaptaciones que le he hecho mi bicicleta para adaptarla a un uso de transporte habitual, que no la invalida para el ocio o el deporte, pero cuya principal finalidad es hacer de mi bici un vehículo práctico para el día a día. Así que, sin un orden en particular, voy a enumerar los elementos que yo considero imprescindible añadir a una bicicleta recién comprada. Continue Reading

Nieve en Murcia

No soy dado a retransmitir los fenómenos meteorológicos en este blog, pero el evento del que hablo ha tenido bastante calado a nivel personal: ha nevado en Murcia. Fue el pasado día 18, y para empezar, es la primera vez que ocurre en la ciudad de Murcia desde 1983; es decir, yo no había nacido. No solamente viví la experiencia de ver nevar en mi propia casa, sin salir a la montaña, sino que además nevó lo suficiente como para hacer bolas de nieve (la foto que acompaña esta entrada, es de mi terraza). Además, lo hizo de día, así que pude verlo en directo de principio a fin desde mi ventana.

Nieve en bici

Además, al caer la noche volvió a nevar, y pude vivir otra nueva experiencia, la de pedalear bajo la nieve. Aunque aprendí a no elevar mucho la vista mientras pedaleo porque los copos de nieve se me cuelan en los ojos como si fueran mosquitos, la experiencia fue deliciosa.

Por qué uso una bicicleta de montaña para la ciudad

Bici de montaña en la ciudad de Murcia

La segunda parte de la pregunta sería ¿por qué no una bicicleta de ciudad? Parece un tema simple pero bajo mi punto de vista tiene muchos matices.

Empecemos por lo obvio: Ya poseía una bicicleta de montaña cuando comencé a plantearme usarla como medio de tranporte habitual para la ciudad. Una segunda razón podría ser que me gusta mucho la postura de conducción en una bicicleta de montaña, más incorporado, y con la maniobrabilidad que permite su alineación de rueda delantera y manillar. He aprendido a disfrutar de cada pedalada tanto si estoy haciendo una ruta de montaña, como si estoy callejeando por el centro de la ciudad.

Pero la verdadera razón, y quizás en este sentido alguien más se identificará, es que las calles de Murcia, la ciudad donde vivo, están muy lejos de ser lo transitables que pueden ser las de cualquier ciudad europea. Me explico: Continue Reading

Ahora que vuelvo a la bici

Seguramente la primera pregunta que se harán los cuatro lectores de este blog es ¿vuelve? ¿es que alguna vez la dejó? La respuesta corta es «no exactamente». La respuesta larga viene a continuación.

Hoy día, hace algo más de un año que una serie de circunstancias me llevaron a adquirir una moto. Por entonces hacía más o menos un año que lograba la licencia y las circunstancias lo favorecieron. Tal y como lo veía en aquel momento, una moto de cilindrada media tenía las ventajas de una bicicleta como la facilidad para moverse y aparcar, y las de un coche como la distancia capaz de cubrir. La historia de amor de acelerar con el puño duró más o menos 11 meses, y no acabó por aversión a la moto sino por amor incondicional a la bici.

Realmente, esta es la segunda vez que «vuelvo» a la bici, pues cuando tuve mi primer coche me consagré a él. En esa primera ocasión el abandono duró dos años y acabó conmigo volviendo con más fuerza que nunca. Al final, todo me lleva a la bici, es mi vehículo, es el vehículo. Continue Reading

Siete años de pedal y asfalto

cadenica

Otro año más, aproximadamente por estas fechas, recuerdo cuando comencé a usarla como medio de transporte a diario, fundamentalmente para desplazarme al trabajo. En mi caso, es un momento ideal para hacer apología de los pedales.

La fotografía que ilustra esta entrada, la tomé hace un mes, cuando sufrí el percance que se puede apreciar. La cadena se salió del plato hacia la parte exterior, doblando el desviador y bloqueando los pedales (sí, todo en un segundo). Lo peor no fue que me ocurriera cruzando una rotonda de tres carriles, que no fue precisamente divertido. Lo peor fue estar sin mi bicicleta durante varios días y reemplazarla por mi coche. Pocas personas se podrán imaginar el alivio y la ilusión que me hizo empuñar su manillar el día que la tuve reparada.

Durante el último año han ocurrido más cosas. Esta primavera me aventuré a obtener el permiso de conducción A2 (motos de potencia máxima 35 kw, y potencia/masa de 0,2 kW/kg) porque la bici no puede cubrir el 100% de las necesidades y el coche me sigue pareciendo un lastre para casi todo, teniendo en cuenta que mis circunstancias de vida pueden dar un giro en cualquier momento.

Así que sea como fuere, 84 meses después, la bicicleta sigue siendo tremendamente importante en mi vida, y lo más importante, haciéndome libre.

Seis años de pedal y asfalto

biciatascos

Parece mentira cómo transcurre el tiempo. Según se mire, seis años es mucho y poco a la vez.

Puede ser mucho porque son más de 70 meses haciendo, con sus más y sus menos, unos 80km a la semana, o poco porque estoy tan acostumbrado que siento que llevara casi toda la vida haciéndolo (y en cierto modo así es) y apenas recuerdo cómo resolvía mis desplazamientos medios y cortos antes de decidir empuñar el manillar en serio.

Para ser franco, ahora mismo me resultaría muy difícil volver atrás. Tanto que cualquier aspecto presente en mi vida (vivienda, trabajo, quehaceres…) se vuelve más difícil y dura si obstaculizara el empleo del que para mí es el medio de transporte perfecto.

Dejándome empapar a pedales

lluviaza

Ayer al salir del trabajo por la noche (sí, por la noche) me encontré con una típica tormenta de final de verano, con sus truenos, sus relámpagos y toda la parafernalia meteorológica que la acompaña.

Se puede decir que mi relación con la lluvia sobre la bici es una mezcla de amor-odio. Por una parte están las salpicaduras, el agobio del chubasquero y la incomodidad de manejar la bicicleta en unas condiciones complicadas. Por otro lado está la sensación de libertad, la agilidad, la superioridad frente a las cuatro ruedas, e incluso el júbilo si uno aprende a divertirse en vez de empeñarse en luchar y quejarse (la naturaleza no es el enemigo).

Siempre llevo en la maleta de la bici un chubasquero para estas ocasiones pero como aún es verano y a pesar de la tormenta, no hace frío por estas latitudes, decidí por una vez no usarlo y fundirme completamente con la lluvia. Aunque sé que es una pequeña locura inasequible al día a día, asumí el empapamiento y decidí no huir del agua por una vez, sino disfrutar de ella.

Nada más salir, guardé todas las cosas que suelo llevar en los bolsillos como el teléfono móvil y las llaves en mi maleta estanca, y me eché a la calle a disfrutar de cada kilómetro hasta mi casa, a sabiendas de que al llegar a ella me esperaba un buena ducha y un cambio completo de ropa. Creedme, es una sensación de la que se aprende mucho, y que recomiendo experimentar cada cierto tiempo, como ejercicio para recordar quiénes somos y dónde nos encontramos.