Un hurón en casa, parte 4 – Comportamiento y educación

He estado mucho tiempo sin continuar esta serie, pero por fin la reanudo con otro aspecto que considero bastante importante a la hora de cuidar de un hurón, el comportamiento y la educación.

Lo primero que se debería tener en cuenta es qué esperar del comportamiento de un hurón a grandes rasgos. En general, existen ciertas pautas comunes: duermen mucho (¡mucho!), son juguetones, y su extrema curiosidad sobrepasa ampliamente su instinto de supervivencia. A partir de ahi, tal y como ocurre con otras mascotas, cada individuo posee su propia personalidad. Es un gran error tomar la decisión de tener uno basándose en unas expectativas concretas acerca de su comportamiento (tras haber visto un video en Youtube, por ejemplo) pues incluso el mismo hurón puede comportarse diferente según el entorno.

Morder

Dicho esto, uno de los puntos estrella es su hábito de morder. Ya que esto no es un compendio de etología sino un breve apunte como referencia o punto de partida solo mencionaré lo más importante acerca de este asunto. En primer lugar, un hurón es prácticamente insonoro, es decir, gran parte de su comunicación y expresión será mediante el contacto físico, y más específicamente mordiendo.

A través de la mordida, un hurón puede expresar un amplísimo abanico de emociones y «mensajes», y por todo esto, antes de tratar de modular este comportamiento es absolutamente imprescindible identificar el motivo de la mordida, pues de esto van a depender las pautas de la educación. Es decir, la manera corregir un hábito de mordida es totalmente distinto si muerde porque tiene miedo o está asustado, si es por dominancia, o si es por juego, por mencionar algunos casos típicos.

Corrección y modulación del comportamiento

En cuanto a la modulación o corrección del comportamiento, aunque son sociales y jerárquicos, un hurón no se comporta bajo la lógica de un perro, en la que por ejemplo un perro entiende conceptos de bien o mal de manera más o menos sencilla, bien a través del refuerzo, bien a través de la autoridad. En este sentido sería más parecido a un gato, ellos tienen un comportamiento con una tendencia por defecto, y una buena manera de influir en esa tendencia, es combinar refuerzo positivo (premiar comportamientos que queremos reforzar) con educación disuasoria (tratar de que resulte incómodo o poco ventajoso el comportamiento que queremos corregir).

Castigar físicamente, aparte de una pésima idea, va a producir el efecto contrario, en lugar de respeto, producirá miedo, lo que complicará más las cosas. Incluso ese miedo puede (y de hecho sucede) conducir a la agresividad. Siempre hay que actuar mediante la vía disuasoria.

También hay que actuar siempre de manera inmediata, de lo contrario ellos no relacionarán causa-efecto. Y esto se tiene que fomentar de manera consistente durante el tiempo necesario y puede tomar meses consolidar un comportamiento, pero funciona y es posible.

Mitos sobre educación en hurones

Aparte de lo que he comentado antes sobre lo equivocado del castigo físico, existe también la creencia, por comparación con otras mascotas, de que hay que adoptar un hurón desde pequeño para educarlo, y esto además de falso, es un punto positivo del hurón como mascota, y es que la eficacia de la educación no depende de la edad, e incluso ser adulto facilita per se el trabajo con ellos.

Manías

El que cada individuo tenga su personalidad propia también incluye que cada uno en particular tenga sus propias manías. A diferencia de los patrones de comportamiento, las manías, por llamarlo de alguna manera, es más difícil de corregir, y va intrínseco a cada uno. Puede que le guste sacar agua del bebedero, o que rasque el lugar donde duerma (por ejemplo el sofá).

Precauciones

Como he comentado al principio, ellos tienen una curiosidad extrema por todo, lo cual no sería a priori un problema de ser porque esta sobrepasa su propio sentido del riesgo e instinto de supervivencia. A eso le sumamos que no ven demasiado bien (concretamente no tienen un buen sentido de la perspectiva y la distancia) así que conviene echar un vistazo a mi anterior artículo de esta serie, tratando más en profundidad el tema de las precauciones.

Mi caso particular

En mi caso particular, a modo de ejemplo, he conseguido con Kiwi prácticamente todo lo que se puede conseguir con un hurón salvo una cosa, él nunca aceptó el arnés, así que no puedo sacarlo a pasear en recinto abierto. Probé con varios tipos de arneses, pero se estresa mucho y no para hasta que no consigue quitárselo, con lo cual, renuncié a eso porque no merece la pena educarlo bajo ese estrés. Como he dicho varias veces en este artículo, cada hurón va a tener siempre sus particularidades, y es necesario estar dispuestos a aceptarlas.

Kiwi tiene dos grandes manías, sacar el pienso del cuenco con las patas para comerlo fuera, y arrastrar un poco el bebedero del suelo cada vez que bebe.

Por lo demás, nunca fue un hurón agresivo, pero al principio mordía bastante y no controlaba la fuerza. En un mes y medio más o menos conseguí corregir ese comportamiento asustándolo con un pulverizador de agua cada vez que mordía fuerte.

Los hurones también tienen el hábito de escarbar si están en tierra, así que yo puse todas las macetas de la terraza sobre mesas de exterior para que quedaran fuera del alcance. Aun así, con el tiempo logré que identificara en qué macetas sí podía escarbar y en cuáles no.

Otro de los grandes logros fue lograr que hiciera sus necesidades en el sitio concreto que le asigné (la parte más baja de su casa, con lecho higiénico) pues cuando llegó a casa hacía en todas partes incluyendo las baldas de su casa. No solo conseguí que hiciera en su sitio sino que también acudiera a su punto incluso estando fuera de su casa o en otra habitación. Me costó un par de meses que lo hiciera estando en su casa, y entre 6-9 meses que fuera expresamente a su casa a hacer caca cuando estaba fuera.

Conclusión

En general, ante la duda de hasta qué punto es posible educar a un hurón, yo diría que no se puede adiestrar hasta el extremo de un perro, pero que se puede ir más lejos que con un gato. Eso sí, con mucha paciencia, pero sí, es posible convivir con un hurón sin grandes preocupaciones sobre su comportamiento, simplemente prestando atención a los posibles riesgos de su entorno. Incluso en mi caso, aunque Kiwi usa su jaula como casa, no vive encerrado y disfruta de libertad para moverse fuera de ella, saliendo a estirar las patas cuando le apetece, o cambiando las hamacas de su casa por el sofá para continuar su siesta.

Con la necesaria paciencia, una vez educado, un hurón solamente necesitará tu atención y protección, y él te dará mucho más.

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