Hablando solo

No soy ningún tipo de dios pero a veces creo ver a dónde miran tus ojos cuando los cierras, ese resquicio entre tus pestañas, las cortinas del pecado. Parecen flirtear con la verdad, dejando que a veces el destino desapacigüe mi sed de ceguera con sus susurros proféticos que hablan de sueños profanados y fantasmas ya conocidos. No soy ningún dios, porque si fuera un dios no habría vendas que taparan ojos ni excusas para las sombras.

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