Qué diferente era una infancia con Pequeño País

Hace mucho tiempo que me apetecía escribir sobre este tema. Es cierto lo mucho que sorprende alcanzar una edad, y darse cuenta de lo diferente que es una infancia hoy en día, a la infancia que tuvo uno. Estoy hablando de Pequeño País, el suplemento juvenil que daba color cada domingo a mis años de infancia e incipiente juventud.

Cuando hablo de lo diferentes que encuentro ahora las cosas, lo digo en el sentido de los temas, el tipo de personajes, la profundidad de los mensajes, la clase de reclamos y coleccionables y un sinfín de cosas que me hacen recordar que hubo un tiempo en que existía un entretenimiento de calidad para los más pequeños, divertido y a la vez insospechadamente enriquecedor y en muchas ocasiones incluso educativo. Son cosas de las que solamente me he dado cuenta al echar la vista atrás, y verlo todo con distancia.

Cuttlas
Página de Cuttlas en Pequeño País

Fue en este suplemento donde leí por primera vez a Cuttlas, descubriendo cómo se pueden tejer historias y mensajes inteligentes usando un estilo de dibujo deliberadamente rudimentario. Hoy en día Calpurnio, su autor, publica en el diario 20 Minutos.

Groink
Página de Groink en Pequeño País

Groink era un cerdo con una inteligencia y una astucia desbordante y sus historias, dibujadas por Kano, eran disparatadas y llenas de un humor fino y sutil, que además usaban con frecuencia un lenguaje difícil de encontrar en publicaciones infantiles hoy en día.

Leo Verdura
Leo Verdura, en el Pequeño País

Leo Verdura, dibujado por Rafa Ramos, era un León vegetariano, padre de familia y con una sombra que bien podría intepretarse como su alter ego infantil, juguetón y rebelde.

Lupo Alberto
Lupo Alberto, en el Pequeño País

Lupo Alberto era un lobo que tenía un romance secreto con una gallina. Muchas de sus historias eran las aventuras y desventuras para entrar y salir del corral durante sus visitas furtivas y amorosas, teniendo que hacer frente a un constante perro guardián que, pese a todo, en algunas historias mostraba su generalmente inhibido lado bondadoso. En cualquiera de los tres personajes hay una lucha contra los estereotipos y en el caso del perro guardián incluso me atrevo a ver una alegoría de la lucha entre “el deber inculcado” y “lo correcto inherente”.

Matías, en el Pequeño País

Matías es otra de las historias que más me gustaban del Pequeño País, que, dibujadas por Manuel y Vicente Sosa, contaban las idas y venidas de Matías y su amigo Boni, dos camaleones con sus propios problemas cotidianos.

Bernardo en El País
Bernardo, en El País

Siempre me sorprendió la cantidad de tiempo que estuvo publicándose la tira de Bernardo, porque me parecía tan adulto, y tan alternativo que quizás no tendría mucho éxito ni a mis coetáneos, pero lo cierto es que a mí me encantaba esta tira de Raúl Arias ambientada en un ambiente post-apocalíptico donde todo está hecho con basura y deshechos, incluso Plonk, el amigo de Bernardo, tiene un cubo por cabeza.

Cernícalo primilla, en el Pequeño País
Coleccionable de fauna ibérica. Fascículo sobre el cernícalo primilla.

Resultaba frecuente encontrar coleccionables desplegables en las páginas centrales sobre temas bastante educativos sobre la propia fauna y flora, como este número sobre el cernícalo primilla, en la que incluso se alude al nombre científico (Falco naumanni) y se ofrece un extenso resumen sobre la especie. A mí me resulta inverosímil encontrar hoy en día esto en una revista juvenil.

Roble en el Pequeño País
Coleccionable sobre árboles de la península. Fascículo sobre el Roble.

De una manera entrenida, con amplias ilustraciones, se ofrecía una información rigurosa, educativa y desinfantilizada sobre fauna y flora, en este caso sobre el roble. Educando en valores y en el respeto a la naturaleza a través del conocimiento.

Ojo a esto, es un concurso para ganar un sorteo de 50 cajas de bulbos de amarilis y jacintos, para lo cual había que acabar de colorear el dibujo. ¿Tendría cabida algo así hoy en día?

Existieron otros suplementos de otros periódicos como el MiniMundo del diario El Mundo o Gente Menuda del diario ABC. Aunque mi preferido siempre fue Pequeño País del diario El País, otros suplementos como el MiniMundo del diario El Mundo tenía tiras interesantes como Bob o Quintin Lerroux.

Sorprende la manera en que gran cantidad de sus tiras trataban sutilmente de romper tópicos de desigualdad o de estereotipo sin dejar de entretener y de divertir. Desde Groink -un cerdo aseado e inteligente-, Leo Verdura -un león vegetariano y ejerciente padre de familia-, Lupo Alberto -un lobo a su vez amante clandestino de una gallina-, hasta monográficos y suplementos educativos sobre flora y fauna silvestre de España. ¡Incluso hubo un concurso en el que se sorteaban nada menos que 50 cajas de bulbos de flores!

No me atrevo a decir si, en general, ahora las cosas son mejores o peores, porque probablemente existen avances en parcelas donde antes habían importantes carencias, pero tengo la impresión de que las influencias y referentes actuales cada vez están más vacíos de contenido, de mensaje, de estímulo para pensar por uno mismo, y que el entretenimiento infantil cada vez es más vacío a nivel intelectual. Han cambiado tanto las cosas…

7 comments On Qué diferente era una infancia con Pequeño País

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