Siete años de pedal y asfalto

cadenica

Otro año más, aproximadamente por estas fechas, recuerdo cuando comencé a usarla como medio de transporte a diario, fundamentalmente para desplazarme al trabajo. En mi caso, es un momento ideal para hacer apología de los pedales.

La fotografía que ilustra esta entrada, la tomé hace un mes, cuando sufrí el percance que se puede apreciar. La cadena se salió del plato hacia la parte exterior, doblando el desviador y bloqueando los pedales (sí, todo en un segundo). Lo peor no fue que me ocurriera cruzando una rotonda de tres carriles, que no fue precisamente divertido. Lo peor fue estar sin mi bicicleta durante varios días y reemplazarla por mi coche. Pocas personas se podrán imaginar el alivio y la ilusión que me hizo empuñar su manillar el día que la tuve reparada.

Durante el último año han ocurrido más cosas. Esta primavera me aventuré a obtener el permiso de conducción A2 (motos de potencia máxima 35 kw, y potencia/masa de 0,2 kW/kg) porque la bici no puede cubrir el 100% de las necesidades y el coche me sigue pareciendo un lastre para casi todo, teniendo en cuenta que mis circunstancias de vida pueden dar un giro en cualquier momento.

Así que sea como fuere, 84 meses después, la bicicleta sigue siendo tremendamente importante en mi vida, y lo más importante, haciéndome libre.

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