Sin frenos

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Sin frenos o Premium Rush (David Koepp, 2012) es la película más reciente que he visto. Aparte de las referencias previas que ya tenía, sólo con observar el cartel se intuye que es una película de esas de las que ya se conoce previamente lo que uno puede esperar, una de esas que no importa ver a trozos, una película de sábado por la tarde.

Mis primeros sentimientos al comenzar a verla hicieron aflorar mi indignación de sufrido y luchador ciclista urbano, maldiciendo en silencio las mil y una negligencias que comete el aclamado protagonista y lamentándome por la perpetuación del ya de por sí maltrecho concepto que se tiene de nosotros (los ciclistas) en la ciudad. Sí, yo pienso que la regulación del tráfico está pensada para los vehículos a motor y contraviene a las bicicletas, y con la cabeza bien alta no me ruborizo declarando que paso a diario algunos semáforos en rojo necesarios para coches y absurdos (e incluso perjudiciales) para bicis, pero siempre sin arriesgarme a provocar una situación de peligro ni para conductores ni para peatones.

Luego me relajé y reflexioné sobre la imposibilidad de que una película parida al otro lado del Atlántico norte pudiera ser de otra manera, pues estaba claro que para que fuera rentable tenía que tener acción trepidante y un guión fácil de digerir, y eso es menos probable si el protagonista se llama Koenraad y maneja afable y orgulloso su bicicleta holandesa por las calles empedradas de Amsterdam, por ejemplo.

Así pues, aparte de los topicazos americanos metidos con calzador como el chulo musculitos con un vehículo mejor que quiere quitarle la chica a nuestro protagonista débil pero con carisma y entrañable para el público, o el malo malísimo que se vuelve torpe en los momentos necesarios, es una película entretenida, al menos, y uno llega a los títulos de crédito deseando coger la bici y perderse en el asfalto.

Por último, aparte de las apreciaciones cinematográficas, también me hace cierta gracia la apología que se hace a favor de las bicicletas de piñón fijo o fixies en un momento en el que vuelven a estar muy de moda entre la muchachada alternativa y los hipsters. Realmente me encantan ese tipo de bicis, pero contemplar cómo un tirillas con su fixie de acero le gana una carrera (cuestas mediante) a un portentoso musculitos con sus marchas y su cuadro de fibra de carbono, pues me hace bastante gracia. Pero sobre lo que me parece práctico y lo que no para moverse a pedales en la ciudad ya hablaré en otra ocasión.

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