Historias de la huerta (I): La Torre del fraile

Lo que en principio estaba siendo un intenso y gris día de trabajo acabó entrañando una sorpresa que, a la postre, me ha acabado dando una idea para una nueva serie de posts: pequeñas microhistorias con apuntes y pinceladas de los rincones de la huerta de Murcia.

Recorriendo la avenida Juan Carlos I en Murcia, tuve que pulsar el botón de un semáforo para poder cruzar al lado donde estaba el hotel donde tenía que hacer unas fotografías. La pausa a la que me obligó la espera del semáforo me hizo reparar en que justo a pocos metros comenzaba un carril de huerta que parecía la puerta de Narnia si la hubieran rodado en Murcia.

Me dio tanta curiosidad el aspecto de la boca del carril, y el trozo de huerta al que pertenecía, que aproveché que tenía que subir a la novena planta del hotel JC1 (en el lado opuesto de la avenida) para tomar una vista aérea mientras esperaba. Acababa de descubrir el carril torre del fraile.

La vista aérea no deja lugar a dudas. Un trozo de huerta acorralado entre el expansionismo urbano del norte de Murcia y la pedanía de El Puntal (más al fondo se distingue en azul la nave donde está instalado Ikea, contiguo a los nuevos centros comerciales Nueva Condomina y Thader). Probablemente el pinchazo de la burbuja inmobiliaria salvó a tiempo este pedazo de huerta porque el primer cartel anuncia una nueva promoción de viviendas. La vegetación de la huerta es tan espesa que apenas se distingue la entrada del carril, que comienza junto al paso de cebra de la avenida de la izquierda.

El carril es de tierra sin asfaltar y discurre por un tupido túnel de vegetación hasta que dobla noventa grados a la izquierda al aparecer la primera casa (en la imagen).

La sensación de que el tiempo no ha transcurrido en este lugar queda patente al observar la casa vieja con su puerta y ventanas que asoman directamente al camino de tierra, el cactus epiphyllum que trepa por la pared y la pérgola parcialmente cubierta por la parra que recién ha empezado a brotar.

La sensación de silencio y calma casi dan la impresión de que no vive nadie ahí, y cuesta hacerse la idea de que a apenas 300 metros transcurra una de las principales arterias de Murcia.

Tras doblar la esquina donde me encuentro la primera casa, se aprecia mejor la belleza de las pérgolas de parra y las plantas ornamentales en los flancos del camino.

Al girar la vista al lado contrario a la fila de casas, me encuentro una zona muy típica de las casas antiguas de la huerta, donde distingo por ejemplo una pileta a la izquierda, que se solía usar para lavar la ropa, y al fondo una caseta, probablemente un aseo con fosa séptica.

Avanzando un poco en el camino ya distingo un coche aparcado al fondo que hace parecer que se acaba en ese punto (que no es así) y más casas que no tengo claro si están abandonadas o no, porque parecen vacías al mismo tiempo que en la fachada tienen plantas ornamentales (una portulacaria y un aloe) en buen estado.

La última casa contigua que me encuentro sí parece estar abandonada o al menos vacía y tiene una pegatina en la puerta que reza “Si la huerta muere… okupa y resiste” y “Por la autogestión y la defensa de nuestros espacios”. Encontrar esa pegatina me hizo creer que tal vez habría personas ocupando la casa con las que podría hablar pero no daba esa impresión.

Finalmente el camino muere en otro que comunica otra vez con la avenida Juan Carlos I, y me ofrece esta estampa donde se aprecia la última casa y los restos de la entrada a una parcela abandonada, con los edificios de la zona de expansión de fondo (que son los edificios marrones que se encuentran en la parte superior de la foto aérea).

Sin mover un paso del punto donde tomé la foto anterior, sólo girando un poco a la izquierda, tomo otra fotografía que muestra el contraste del amenazado vestigio de la huerta con el hotel desde donde tomé la fotografía aérea. Una foto que retrata dos caras de Murcia: el encanto de la huerta tradicional y la agresividad del expansionismo urbano de los años del ladrillo.

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