Mi pequeño caballo de aluminio

rocinflaco

Mi pequeño caballo de aluminio adora trotar por las cuestas y pendientes que le brindan las montañas que dibuja el valle del Segura. Este rocín flaco de nuestros tiempos se encuentra hastiado de polución y asfalto, pero es fiel y obediente y cada día me lleva al bosque de cemento donde gano el sustento, y me espera puntual, casi ansioso, para llevarme de vuelta. Pero es conocedor también de la suerte que entraña poder abrazar la brisa, la tierra caliza y el olor a pino con apenas rodar dos o tres momentos llevándome a sus lomos, siempre agradecida, siempre dispuesta.

Yo solo o los dos juntos, pero siempre libres.

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