La felicidad a través de la vida sencilla

slow

Próximamente, aparte de bicis, plantas, Blender y otras chorradas que me rondan la cabeza, voy a soltar unos tostones filosófico-reflexivos que van a hacer huir a los pocos lectores que me deben quedar. Me he propuesto empezar a reflexionar en voz alta sobre la vida sencilla, el movimiento slow y demás hierbas.

Todo esto, a pesar de lo que parezca, no va sobre el karma, los chakras, poner incienso, dejarse rastas, decorar la casa a lo Feng-Shui o irse a la India a hacer un retiro espiritual. Es un conjunto de reflexiones tan eminentemente simples y prácticas, que su sóla descripción rechina a místico en contraste con el mundo tan innecesariamente complejo y acelerado en el que vivimos.

Recientemente, el libro “Elogio de la lentitud” de Karl Honoré o “El poder de lo simple” de Enrique Mariscal, entre otras fuentes de información, han supuesto punto y final a una serie de reflexiones internas que he experimentado durante los últimos años.

Es cierto que se sobreutilizan todos esos términos y conceptos para vender cosas bien distintas, pero nada está a salvo de convertirse en un instrumento de márketing, y por supuesto, el hecho de llegar a serlo tampoco cambia su esencia ni su valor.

Para quien no tenga problemas con el inglés puede comenzar leyendo las 72 ideas para simplificar la vida del Manifiesto de la vida sencilla de Leo Babanta, bastantes cosas de las que pienso contar se ven reflejadas ahí.

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